Baker.
El más caudaloso del país. Turquesa hasta la médula.
El Baker nace en el Bertrand, ese vaso que recibe las aguas del Campo de Hielo Patagónico Norte. Trescientos setenta kilómetros de río que corren hacia el sur, drenando casi veintisiete mil kilómetros de cuenca compartida. El agua viene glaciada, turbia al inicio, pero clarifica conforme se filtra en pozones y remansas. Régimen pluvio-nival: crece en verano, baja en invierno. Uno de los mayores caudales de Chile.
Trucha café y arcoíris habitan los pozones. Chinooks y cohós remontan en su temporada. Las moscas que funcionan son simplistas: ninfas oscuras, zonkers, streamers que imiten peces pequeños. El agua turbia exige colores fuertes. Lanza corto, deja que la corriente te lleve. Los pozones al pie de los rápidos son donde esperar. Temporada alta: noviembre a abril. Paciencia y lectura del río.
Estar ahí es estar en la correntada. El ruido de los rápidos, el frío del agua patagónica, la luz que no se apaga en verano. Ves la montaña desde el cauce. Cuando pica una trucha en ese caudal, sientes la fuerza del río en la línea. No es un río fácil. Es un río que te enseña dónde estás. Vuelves con las manos cansadas y el alma quieta.
«Lo que sigue es lo que un pescador necesita para armar una caja antes de viajar. La carta del río, los patrones que más calzan en cada mes.»
— el guía, cuaderno de campo

