Cochamó.
Agua tan clara que la trucha te ve antes que tú a ella.
El Cochamó nace de la confluencia del Botapiedras y el Arco, recibe luego el Valverde y La Junta, y corre por el valle del mismo nombre hasta el estuario de Reloncaví, junto al poblado de Cochamó. Agua fría y transparente casi todo el año, fondo de piedra pulida, pozones y correntadas suaves. Cuenca chica, trescientos kilómetros cuadrados, caudal modesto de quince a veinte metros cúbicos por segundo.
Trucha arcoíris combativa y trucha café tímida y selectiva — el agua clara no perdona errores de presentación. Ninfas pequeñas (Pheasant Tail, Hare's Ear), secas clásicas (Adams, Elk Hair Caddis) y streamers chicos tipo Woolly Bugger para los pozones más hondos. Se pesca todo el año, mejor al amanecer y al atardecer en verano, o después de lluvia.
El valle es más conocido por el trekking y la escalada que por la pesca, pero el río que corre debajo del granito exige la misma humildad que las paredes de arriba. Acercarse con sigilo, agacharse, lanzar corto. La transparencia del agua es un examen: si la trucha te vio primero, ya perdiste. Cuando no, el Cochamó te regala algo que pocos ríos regalan — verlo todo pasar.
«Lo que sigue es lo que un pescador necesita para armar una caja antes de viajar. La carta del río, los patrones que más calzan en cada mes.»
— el guía, cuaderno de campo
