Maullín.
Nace del Llanquihue y fluye sin apuro.
Nace del Llanquihue. Ochenta y cinco kilómetros de pluvial puro. No glaciar, no volcánica: agua de lluvia que baja desde la cuenca norte de Los Lagos y busca el Pacífico. Régimen simple. Tres mil novecientos kilómetros cuadrados alimentándolo. Cuando llueve en serio, crecida rápida. Cuando no llueve, baja. El bosque siempre verde lo abraza: patagua, arrayán, luma.
Truchas café de buen tamaño. Arcoíris también. Pesca embarcada principalmente: lanzas cerca de troncos, bajo ramas, contra la corriente. Línea de mosca número seis o siete. Sinking tip de doscientos cincuenta grains. Zonker, Sculpin, Woolly Bugger, Matuka en anzuelos dos a cuatro. El agua revuelve, corre fuerte. No es río para derivas largas.
Vadeas en aguas que te hablan. El bosque cierra el horizonte. Silencio que pesa. Cuando pica una café grande, entiendes por qué los viejos vuelven. No es belleza de postal: es trabajo puro. Frío en el amanecer. El río pidiendo respeto. Te vas cansado, vacío, lleno. Los Lagos no regala nada fácil. Pero guarda.
«Lo que sigue es lo que un pescador necesita para armar una caja antes de viajar. La carta del río, los patrones que más calzan en cada mes.»
— el guía, cuaderno de campo

