Nef.
El quiebre de color en el Baker. Leche de glaciar contra turquesa.
El Nef baja del glaciar que lleva su nombre, un brazo del Campo de Hielo Norte, y recorre unos treinta kilómetros hasta entregarse al Baker cerca de Puerto Bertrand. Trae harina de roca: agua lechosa, gris, cargada de sedimento glaciar. Cuenca chica, apenas setecientos kilómetros cuadrados, pero suficiente para aportar una décima parte del caudal del río que la recibe. No hay lago que lo regule — es hielo puro, directo.
No es río de pesca en sí — angosto, encajonado, de acceso difícil en gran parte de su curso. Pero la confluencia con el Baker es sitio conocido entre guías: donde el gris del Nef se mezcla con el turquesa, las truchas se acomodan en el borde de las dos corrientes. Streamer oscuro, línea de hundimiento, deriva corta pegada al límite del agua.
Se ve desde la Carretera Austral, el quiebre limpio de color a mitad del cauce. El Nef no se pesca tanto como se aprovecha: sirve de marca, de frontera de agua dentro del agua. A veces basta con eso — saber dónde nace la mezcla, y lanzar justo ahí, donde un río le presta su turbidez a otro.
«Lo que sigue es lo que un pescador necesita para armar una caja antes de viajar. La carta del río, los patrones que más calzan en cada mes.»
— el guía, cuaderno de campo