Ñirehuao.
Se junta con el Picaflor y nace el Mañihuales. Trucha café que pica con ganas.
El Ñirehuao nace en la cordillera fronteriza, bajo el cerro Matterfeld, y corre casi ciento treinta kilómetros hacia el oeste. En su encuentro con el río Picaflor forma el Mañihuales — el mismo que después se junta con el Simpson para armar el Aysén. Régimen pluvio-nival: crece en agosto y octubre con las lluvias y el deshielo, baja entre febrero y abril. Aguas cristalinas casi todo el año.
Trucha café, abundante y voraz, entre una y tres libras en promedio. El agua clara la vuelve exigente pero no imposible: ninfas de piedra, secas pequeñas en los pozones tranquilos. Octubre a mayo es la ventana. La correntada es más suave que la del Mañihuales aguas abajo, buena para quien recién aprende a leer un río patagónico.
Coligüe en las riberas, cordillera baja al fondo, el sonido de un afluente que no sale en los mapas turísticos. Es uno de esos ríos que los guías de Coyhaique se guardan para sí. Pescarlo es entender que el Mañihuales no nace de la nada — nace de un acuerdo entre dos corrientes, y esta es una de ellas.
«Lo que sigue es lo que un pescador necesita para armar una caja antes de viajar. La carta del río, los patrones que más calzan en cada mes.»
— el guía, cuaderno de campo

