Puelo.
Ciento veinte kilómetros de selva. Sin portero.
Nace en el Lago Puelo, en el lado argentino de la Patagonia. Cruza la frontera y baja trescientos kilómetros hasta desembocar en el Reloncaví, cerca de Puerto Montt. Agua fría, clara, con régimen pluvial y nival. Cuenca de casi nueve mil kilómetros cuadrados. Glaciar aún adentro, aunque lejano. Es un río que viene de arriba, con historia.
Trucha café y arcoíris. Salmón chinook en alta. Temporada octubre a abril. Moscas secas en pozones grandes. La correntada es fuerte en los tramos bajos. Piedra volcánica engañosa al vadear. Ninfas profundas en las quebradas. El Manso trae agua fría desde arriba. Pica bien cuando lo respetas.
Te quedas en el silencio del valle. El agua dice todo lo que necesitas saber. Vuelves con las manos frías y algo que no puedes contar fácilmente. No hay turismo en esta parte. Solo el agua, la piedra, el viento. Es lo que buscabas cuando decidiste venir a la Patagonia.
«Lo que sigue es lo que un pescador necesita para armar una caja antes de viajar. La carta del río, los patrones que más calzan en cada mes.»
— el guía, cuaderno de campo

